Talcahuano y sus prejuicios
Después de trabajar como “chino” este domingo llegué a Talcahuano a celebrar el cumpleaños de la Liza. Este es una ciudad de matices con olores que cambian a cada kilómetro. Primero una brisa con aroma a mar y luego el típico olor de las pesqueras, ese olor a “choro” que mata la pasión y el encanto de la tradición portuaria. La gente acá está acostumbrada y ni se da por aludida, en cambio para nosotros los forasteros, es insoportable y con tan poco tiempo no terminamos de acostumbrarnos.
Buscando comprar un cepillo de dientes pasé por un tremendo supermercado, pero con sus estanterías prácticamente vacías, era un escenario dantesco, que caracterizaba un total desabastecimiento, pobreza, que nada ayuda a la imagen que se refuerza con el olorcillo ese.
Al final todo es un prejuicio, porque la gente es buena, el olor es inevitable del desarrollo industrial de la principal actividad local y el supermercado está en etapa de cambio de propietario.
preparndo el cumpleaño
El cumpleaños de la Paloma en un rato más está comenzando a ponerme nervioso. Como los tiempos no están de lo mejor y ella me pidió celebrarlo en mi casa, la verdad de la “milaneza” es que ha costado sangre sudor y lágrima. Me conseguí por ahí unos chicos que van entretener a los peques, también me conseguí la torta para 30 personas, tengo globos (solo hay que inflarlos). Tenía planificado pedirle un mesón a mi hermano, pero cómo me faltan sillas, iré por unas mesas tipo camping con banqueta incluida, lo que soluciona la falta de sillas para 18 enanos. Me conseguí unos panecillos de completo media vienesa, cien. Tengo mano de obra; mi madre, su nana, mi nana, mi hija mayor, su prima, su amiga y claro, yo. Me falta; tomate, palta, mayonesa, kétchup, vienesa, bebidas, platos de cartón, vasos plásticos, sorpresas, golosinas, bolos para el tomate y la palta… ¿qué más?. Vamos a tener sala de play en el segundo piso. Mañana más…
Un año más
Buenos días. Hoy salgo de los 37 y siento que me la he pasado lamentando por todo lo que no he hecho y no tengo. La vida está llena de sin sabores que abruman más de lo que quisiéramos, lo que no nos permite ver la alegría que nos rodea en nuestros hijos, la felicidad de un triunfo, la satisfacción de un logro y la humildad de una risa desinteresada. “Puta” si tienen que pasar hechos trágicos para darnos cuenta de que estamos llenos de momentos extraordinrios y que quienes nos rodean en su mayoría son personas con las que compartimos muchos momentos emblemáticos. Son solo momento que pasan y van quedando atrás. Entonces me pregunto, ¿por qué “chucha” no dejar atrás las complicaciones que tenemos y vivimos la vida con lo más trascendente? La familia, los hijos, los amigos… Vengan esos 38 para seguir bailando al ritmo de la alegría, la buena onda y las personas que valen la pena.
Cuando cumplimos años es uno más, no dos
Los tiempos que corro son complicados, me tienen con el colon gordo y durmiendo muy poco, incluso olvidé mi edad. Curioso, porque resulta que estaba convencido de que había cumplido 38 y así lo manifesté a cuanto comensal se interpuso por delante preguntando mi edad. Aún más, llegué a mencionarlo en un fichero que llené por motivos laborales donde preguntaron ¿qué edad tiene? 38 puse con toda seguridad. Solo cuando vi una foto de la torta que apareció para la celebración entré en duda porque decía 37. ¿Pero cómo? esto está mal si tengo 38.
Bueno, nací el 15 de noviembre de 1970, a 2007 son 37 años. Dato duro e irrefutable. Y pensar que casi pierdo un año de vida.