365 días

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Fatal accidente camino a Yungay  

Ayer el día estuvo marcado por la trajedia, por la muerte de nuestro amigo Felipe Sandoval y su pareja, en un accidente automovilístico camino a Yungay. El auto de Felipe, cerca de las 9:30 am, choca frontalmente con una camioneta falleciendo en el lugar, mientras su pareja es trasladada en estado grave al hospital de Chillán, falleciendo a los pocos minutos.

Es increible que hechos como estos nos hagan meditar en la fragilidad de la vida. Un día está y al otro no. Y claro, el esfuerzo realizado con anterioridad queda en nada y escurre como agua de nuestras manos.

No me sentí capaz de mirar su rostro en la urna, tal vez mañana. El domingo son sus funerales. Me hubiera gustado un funeral conjunto, para que la pareja se fuera feliz a navegar por los mares de la eternidad. Me pregunté por qué no, pero no era el momento de averiguarlo.

Buenas noches.

De la crisis y la muerte  

Y aunque no hay señales de que llueva, la tormenta está desatada, por lo menos para mi. Es cierto que la crisis no llegó en la magnitud de otros países con “bajas defensas”, pero de que se está sintiendo no queda duda alguna. Llama mi atención el aumento paulatino de suicidios por parte de empresarios y lo digo porque en Chillán acaba de ocurrir una, que aparentemente, está ligada a problemas de “caja”. La cosa está difícil para mi, aunque no tanto como para preparar la cuerda y dejarme caer para pasar a mejor vida.

Imagino que esa debe ser una muerte dolorosa, por cierto, es problable que la gran mayoría de las veces la muerte de una persona sea dolorosa, para la persona me refiero, por tanto hablo de dolor real, no del alma o corazón, de ese dolor que te hace gritar como barraco. En fin, imposible saber que es lo que se siente sin vivirlo, pero la desesperación debe llegar a límites insospechados, no conocidos para mi, y tomar una decisión como esa.

Ando complicado, pero nunca tanto.

Agosto, el octavo mes del año  

Buenas tarde, es el primer día de agosto, este agosto que se espera lluvioso y frío así como se ha esperado todo este invierno, pero que sin embargo ha estado lejos de serlo. Agosto mes de vida y muerte, felices aquellos que pasan y se abrazan como si fuera una hazaña que asegura un año más de acuerdo a la tradición de ancianos. El octavo mes del año comienza siempre con duda pensando en si será el último de nuestras vidas. Mi abuelo siempre celebraba el primero de septiembre hasta quedar borracho porque tenía un año más de vida. Así también se fue un día de agosto sin celebrarlo, creo que esa fue una de sus principales preocupaciones durante su enfermedad.

Yo,  en este agosto con la esperanza de por fin cambiar esta mentalidad un poco opaca que me persigue. Cuantas veces he dicho que desde acá en adelante las cosas serán diferentes, ahora si. Aunque siempre es preciso tener un norte, hoy solo quiero progresar sin ser uno más del montón dejando de lado a todos quienes creen que por unos cuantos “morlacos” tiene derecho sobre las personas, esperando encontrar la mano amiga sin interés, buscando equilibrar mi relación de pareja, mejorando las posibilidades para que mis hijas no sufran las consecuencias de mis desordenados días laborales, entre otros objetivos importantes que me he propuesto.

Que será de este agosto, tal vez ahora si sea el momento de tirar con fuerza y cambiar la mentalidad un poco opaca. Agosto, el octavo mes del año…

De mendigo a millonario  

Tanta vuelta se le ha dado a la lista de los hombres más ricos del mundo que se hace inevitable meditar al respecto. Meditar sobre las historias que rodean a unos y otros, mientras los más viejos se han roto el lomo para amasar fortunas, los más jóvenes han tenido la suerte de desarrollar sus genialidades en el momento adecuado, generalmente basado en la Internet. Me cuesta imaginar como sería un día normal para un hombre o mujer con “manso” bolsillo, es decir, a mi me gusta mi vida tal cual está, claro que nada de mal le vendrían unas lucas extras.

Supongamos que tuviera un golpe de suerte e ingenio y creara la panacea en cualquier cosa y mis patentes me llevaran a tener miles de millones de dólares. Probablemente mi vida cambiaría, tendría que viajar constantemente, dar conferencias, manejar mis negocios in situ por lo que inevitablemente tendría que cambiar mi residencia a lugares desconocidos, con gente que no he visto ni en “pelea de perros” y por supuesto blindado porque comenzaría a tener enemigos de mayor envergadura de los que actualmente tengo, si es que los tengo. Cuántos amigos quedan atrás sin volver a verlos porque ya no tengo tiempo, las tertulias llenas de risa, buena onda y alcohol hasta entrada la noche ya no existirían porque un hombre de mi condición no puede o no tiene tiempo de hacer. Tendría que reemplazar las salidas nocturnas con mi chica y encontrarme con Pedro, Juan y Diego en restaurante, pub o eventos, para concentrarme en reuniones sociales con gente de mi misma línea social o nivel socioeconómico. No me imagino volviendo a mi ciudad a visitar a mi madre a su nuevo hogar que probablemente le he comprado, pero ya no en mi mercedes, sino que en mi helicóptero o mi Jet privado que más que un lujo es una necesidad por lo apretada de mi agenda. Y así podría seguir haciendo este ejercicio para ver mi nueva realidad. Pero claro, no tengo ni la suerte ni la genialidad para crear esa patente que podría cambiarlo todo, aunque tal vez no quiera que llegue.

Siempre he pensado que el dinero no hace la felicidad, porque es cierto que ayuda cuando no se tiene, pero cuando es parte de nuestras vidas se transforma en un factor generador de problemas… Grandes problemas.