Ese extraño silencio que se dejó caer luego del fatídico 27 de febrero, en que la tierra despertó furiosa a los habitantes de Chile, ha sido de los elementos más potentes y perturbadores que me ha tocado vivir. Luego de una hora logramos captar una señal de una radio en Santiago, con vaga información respecto de la intensidad y su epicentro. Pronto sabríamos que estábamos frente a un mega terremoto de 8,8 grados Richter, cuyo epicentro estaba en la comuna de Cobquecura a 95 km. de Chillán, ciudad en la que nos encontrábamos. Finalmente, más cerca que cualquiera de las grandes ciudades afectadas.
La madrugada más oscura que nunca, junto a un silencio total, prehistórico, lacerante.
Todos los buenos deseos para la recuperación del pueblo chileno.
Saludos desde Bolivia.
Mario Duran
21 Mar 10 a las 9:46 am