Llorando y riendo
Un extraño domingo, un poco triste por la despedida de nuestro amigo bajo una torrencial lluvia, que se hizo más intensa justo en el momento en que el féretro comenzó a bajar. Pero lo cierto es que los duelos son familiares y nosotros, los amigos no tan cercanos, seguimos con nuestras vidas a un ritmo normal.
Con el tiempo he aprendido a dejar los problemas en la oficina, por muy graves que sean. Hasta hace unas semanas los domingos eran una verdadera tortura, pensar en lo que se viene, etc., sin duda que afecta la relación y el ánimo de quienes me rodean y amo. Que equivocado estaba, nada es más energizante que disfrutar con la familia estrujando cada segundo que tengo.
Y eso hice hoy, almuerzo familiar, para luego dedicar la tarde completa a mis hijas, sus tareas. Me llena el intercambio comunicacional que estoy logrando, gracias a estar mental y espiritualmente más tranquilo, aun cuando la complejidad de los días no dan tregua.