365 Días y un Ideal

Quiero expresarme libremente a través de mis líneas
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Un corto enero, un largo aliento  

Este es el último fin de semana que paso con mis hijas luego de que llegaran a estar conmigo desde el 27 de diciembre. Llegué a un acuerdo con mi “ex” para tener a mis hijas un mes durante las vacaciones de verano y una semana durante las vacaciones de invierno, además de un fin de semana por medio.

Cuando recién me separé tenía la idea de que a mis hijas las podría ver los fines de semana, cada 15 días o buscar una fórmula que daba por sentado de que las niñas deberían estar con su madre y yo tendría que adaptarme a las condiciones que se me presentaran. Esto está arraigado en la sociedad chilena y por defecto luego de un divorcio los hijos quedan con la madre. Nada más lejos de la mejor opción para hijos de padres separado, pero la ley es la ley y aunque esté demostrado de que la custodia compartida disminuye el proceso traumático que significa para los niños la separación de sus padres, este no tiene asidero dada la estrechés de mente de los legisladores que no son capaces de verlo, propio de una sociedad machista.

Ahora que ya estoy establecido, muy bien emocionalmente, rehaciendo mi vida con una mujer extraordinaria quiero volver a buscar alternativas para lograr una custodia compartida y poder pasar más tiempo con mis hijas para tener participación en su crecimiento y formación. Enero ha sido un mes que me ha servido para valorar todo lo que hoy me rodea, mis hijas, mi mujer y su hijo, su familia, mi madre y también mis hermanos. Porque a pesar de las dificultades al final son los único con los que puedes contar incondicionalmente. Junto con valorar a mi familia, enero me ha servido para saber con un 100% de certeza lo importante que soy para mis hijas en todo lo que concierne a su formación. No logro concebir como muchos padres luego del divorcio se conforman con un fin de semana cada 15 días o un día domingo o solo con la entrega de dinero y en el peor de los casos los dejan de ver. Tampoco logro concebir como hay muchas madres que evitan que los padres vean a sus hijos o los utilicen para lograr beneficios económicos lejos de toda reglamentación.

Dejar a mis hijas hoy no me entristece, más bien me llena de orgullo por haber tenido la oportunidad de compartir un mes con ellas y saber que lo hemos hecho bien, entregándoles todo el amor de papá que les tengo reservado en mi corazón. Ahora con la seguridad de que soy un elemento fundamental para su crecimiento, dándome la fuerza para volver a buscar un acuerdo con mi ex y tener la custodia compartida sobre nuestras hijas y así lograr el mejor beneficio para ellas.

Existe una organización recientemente formada en Chile, Amor de Papá que busca mejorar las condiciones para aquellos padres que se ven privados de ver a sus hijos luego de un divorcio. Ellos están haciendo fuerza para cambiar esto que está adosado al seno de la sociedad chilena. Estoy con ellos y me sumo a su acción.

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