Me reencuentro con mi naturaleza familiar que tanto eché de menos
La familia es la familia y no se puede relegar de ella aunque hayan pasado algunas cosas que la distancien. A europeos y gringos les llama la atención lo “aclanado” que somos los chilenos, siempre en grandes grupos buscando pretexto para juntarse y parrandear un rato.
El 25 de octubre mi madre estuvo de cumpleaños, como era jueves la celebración fue de tiro corto no sin antes dejar programado un encuentro familiar en casa de mi hermano para el sábado. Llegamos hasta allí: Marilú (cumpleañera), Pamela, Any, Rodrigo, Lisper, Vinsu, Paola, Argelia, Tania, Lauri, William, Gino, Wicho, Carmen, Neta, Mauro y yo. Además de los niños; Macarena, Cristóbal, Trini, Sofía, la Palo, el Seba, Felipe, la Shio, Tania Paz, Nico, Handy, Jo y la Antonia. Asado rico, longaniza de Chillán, vino reserva y todo el fleco habido y por haber.
Luego de casi cuatro años que no compartía un familión tan grande, es gratificante volver a reencontrarnos como si nunca nos hubiéramos distanciado.
Coronamos el fin de semana con la visita de mis suegros a la mansión. Más familiar imposible.
Desde que tengo uso de razón que nos juntamos para las grandes ocasiones y las no tan grandes también. Estas reuniones comenzaron a disminuir con el matrimonio y claro, la muerte de mi padre también influyó. Ahora que inicio una nueva vida quiero que los míos tengan esa experiencia viva y que recuerden que en las peores situaciones lo único que no falla es la familia.